Bienvenidos al país sin fronteras

Todo lo escrito rompe las fronteras de la libertad, son muestras de mis sentimientos y la verdad es que lamento que sólo me inspire la tristeza. No obstante, espero que os gusten mis textos/relatos, y si es posible, que os lleven a reflexionar. Un saludo.

jueves, 28 de febrero de 2013

Dualidad.

¿Es el Sol más oscuro que la Luna? Es la decisión mas compleja que la duda... Como un día frío en verano, fuera de lugar, ajeno al camino. Mi estandarte de libertad, perdido, nuestro andar despreocupado, precavido. ¿Es el árbol cruel por deja caer las hojas? Como el ritmo de un latido ya usado. O simplemente, ¿causa y efecto? Así cada noche, evocando paradojas. Buscando y rogando un momento, perfecto, para olvidar cada defecto. -Sergi Bosch.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Resuena.

Y resuena el latido de mi alma, como tu voz que me llama, las bellas palabras que me calman y me traen de nuevo hasta mi hogar, tu cama...

viernes, 17 de agosto de 2012

Balada nocturna.

Cada noche, mi corazón marca el ritmo de la balada, y mientras bailo, toco mis cicatrices, en mi piel grabadas. Poco a poco me convierto en sólo otro recuerdo, me desvanezco, me evado con los trastos, esperando buenas palabras de lo incierto. Nunca buenas nuevas brindaron los cuervos, nunca buenas nuevas brindaron los cuervos...

jueves, 10 de mayo de 2012

¿Alguna vez...?

¿Alguna vez te has sentido caído? Tus cercanos ven tu cadáver, y sonríen sin haberte conocido. Que caminas al revés, la vida te recuerda que vagar no es lo mismo que andar. Luchar y caer es agonía, sufrimiento en si mismo. Cada dia te reflejas en el espejo, te ves morir... cerca de acabar, y es curioso lo que se parecen vivir y sufrir, sufrir y sentir., sentir y amar. Te sientes en la cuerda floja, dónde antes te sentías ágil, ahora avanzas a pata coja, estás al borde del desfiladero, mientras te corroe ese terror sincero. Hierve tu sangre, evapora tus sentidos. Poco queda cuando el último latido se ha perdido. Lo buscas, se ha desvanecido. Te sientes raro, muerto, te confunde, dudas de lo incierto y eso, te conmueve. La duda proclama un concierto en tu corazón. Te persigue la cordura, evitas la razón. Si es así, pobre diablo. El mundo te ha forjado, rebelde, complicado y propenso a dudar. Si vas a caer, asegúrate de que te puedes levantar.

lunes, 9 de abril de 2012

Ignorante...

Ignorante es el que lleva al destierro,
por miedo, al amor sincero.

Ignorante es el que respira por respirar,
en vez de cada día darse una razón a uno mismo
para no abandonar.

Ignorante es el que se deja llevar por la corriente,
asumiendo que no puede nadar tan fuerte como para salir del mar.

Ignorante es aquel que mira una hoja caer, y después otra, y después otra,
y no se da cuenta de que era su tiempo que se iba para no volver.

Ignorante es el que sigue sin más su camino,
el que nunca abandona su sendero,
el que se pierde en el quiero y no puedo,
el que no desafía al destino.

Ignorante es el que da por hecho lo incierto,
el que nace y cree que aún no ha muerto.

viernes, 2 de marzo de 2012

¿Para qué?

Ojalá las hojas muertas no cayeran nunca de su hogar,
buscando en el suelo una esperanza que no va a llegar.
Ojalá el pájaro no abandonara su nido,
que después extrañará, cuando se encuentre perdido.
Ojalá la rosa viviera para siempre, inmortal,
ojalá el corazón reine, si es que llega, hasta el final.

Ojalá el amor sólo tuviera un filo,
sólo una dirección, como la que recorre la vida,
y no jugara con lo incierto ni atacara las heridas.
Ojalá tu calor me abrigara esta fría noche,
recordándome que un bache en el camino
no significa que ya no controle mi destino.

Ojalá el viento siempre soplara a mis espaldas,
siempre dando oxígeno a este náufrago,
siempre llevando el barco hasta tu mirada.

Y si tras cada alegría se esconde tristeza,
y si tras cada agonía se oculta la dicha...

¿Para qué el llanto? Si la realidad se desmorona,
cuando se seca la última lágrima y se ultima el testamento,
la verdad cada vez más dura, de que hora tras hora,
la muerte está servida.
¿Para qué la risa? Si el instante fugaz se fuga
tras su despertar y desaparece con miedo
de que nunca le vuelvan a llamar.

¿Para qué un final? Si en mi corazón la duda jamás duerme,
si en mi interior la alegría rara vez viene a verme.
¿Para qué un comienzo? Tras cada vivencia y rogando demencia,
me doy cuenta de que cada camino lleva al tropiezo.

¿Para qué el reloj? Que susurra imperturbable,
que todo acabará, y que el término tarde o temprano llegará.
¿Para qué contar cada segundo? Si al vivir moribundo,
tras cada momento, tras cada segundo, estoy mas cerca de morir.

Puede que en el sendero no halle más que un recuerdo,
y siento que cada latido ya no es sincero.
Quiebra, retumba y me acosa, evoca mi debilidad
y con su habitual crueldad,
cada paso sólo me sumerge más en la inmensidad,
me llena el vacío de que tras cada desvarío todo es peor,
y el delirio me distrae de la batalla en mi interior.
Y cuando incluso muere el instante...
no me queda otra que admitir que es cierto,
la verdad grabada en mi corazón por mi pecho cubierto,
vivo para convencerme de que aún no he muerto.

-Sergi Bosch

lunes, 27 de febrero de 2012

En la cima del mundo.

Sentado en la cima del mundo,
desamparado, hastiado, solo atento
al rumor que retumba desde lo profundo,
como un tambor, incita con furia
la duda en mi interior.

Al acabar, comencé, pues no hay final.
Y al comenzar, lo logré, porque mi valor
y mi miedo se miran de igual a igual,
mi confesión: no me guía el honor,
pero tampoco temo al dolor.
No se trata de valentía o de heroísmo,
del impulso de ser común y a la vez raro,
de cogerte de la mano, de mirarte a los ojos,
y borrar de tu corazón cada reparo.
De acompañarte en tu caída al abismo,
de que me devuelvas la mirada y sonrías,
pues sabes que pese a cada cicatriz, soy yo mismo.

Mas tal como los pétalos de una rosa,
que se marchitan y sucumben,
me encontraba yo en mi lúgubre madriguera,
atemorizado, con mi plegaria, escapar de la soledad,
mientras mi esperanza y mi voluntad se consumen.
Al dirigir la vista a la inmensidad,
comprendí que pese a elevarme sobre el resto,
no soy superior a nadie.
Ni siquiera de los necios que no cuestionan lo incierto,
ni de los que viven como les mandan
y mueren cuando se lo ordenan.

Exasperado y confuso, eché un vistazo al cielo.
Me sentí en casa, pese a estar tan lejos de mi morada.
Las estrellas, tenues y difusas decoran mi decadencia.
Caí en la cuenta; la noche no estaba nublada,
eran las lágrimas que brotaban de mi mirada.
Al mirar mis manos, empecé a entender el motivo de mi escalada.
Nadie hará por mi, lo que yo no haga.
Y las arrugas de un millar de vivencias,
las heridas de incontables caídas...
¡No desaparecerán!
Pues permanecen para recordar mi lucha hasta el fin de mis días.

Busqué con mis ojos el firmamento,
emocionado aunque demasiado cansado,
esperando compartir mi descubrimiento.
Olvidé que estoy sólo,
sin nadie con quien compartir mi conocimiento.

Y al empezar a bajar, una voz retumbó en mi pecho,
las plegarias fueron atendidas y curada mi maldición.
La dicha sacudió mi moribundo corazón.
Un susurro llegó desde lo mas recóndito de mi ser:

"No hay cima muy alta,
sólo dudas en la subida.
No hay mayor miedo,
que el temor a la caída"

-Sergi Bosch

sábado, 28 de enero de 2012

Hijo.

Y me senté a reflexionar hijo, a la luz del fuego que alumbra mi hogar.
Y comprendí el sentimiento que tanto se hace en mi de rogar,
pues querer es difícil y créeme que no hablo por hablar.

Y cuando toda esperanza se torna un recuerdo,
descubrí que las promesas de corazón mueren en el pasado,
se consumen en su propio encanto y de nada sirven,
pues al dejarlas atrás, vacías han quedado.

No hay veneno más dulce que el dolor de quererla.
No hay mayor realidad, que la magia de volver a verla.

Que la vida no espera por tí, que no tiene compasión.
Que nada le impide hacerte sufrir en cada rincón,
pero las penas, y no te miento, se combaten con el corazón.
Y que la decisión correcta es a veces la descartada,
como si se tratara del viento que golpea con furia tu cara
pero lo ignoras con convicción, pues te aleja de tu amada.

Alcancé a entender también, que no siempre
te darán la misma moneda.
que la gente no es lo que esperas y poco a poco aprendes
que decir lo que sientes es suicidarse y desde ese momento, mientes.
Como esa noche perfecta, que me acosa y me atormenta,
porque hijo, la vida es difícil, y debes luchar para que cese la tormenta,
porque en un mundo desigual y despiadado, nada de valor es regalado.

Y las lecciones que con tanta obsesión intentaron inculcarme
de poco han servido, pues para aprender hay que fracasar.
Vivir día a día es convivir con la seguridad de equivocarse,
no dejes que las dudas acosen tu deseo,
no permitas que te persiga el temor al error,
incluso yo, no te guíes por lo que creo, por lo que veo,
traza tu camino al escuchar cada latido,
y no tengas miedo de acabar perdido.

Lucha contra el pasado, y sé libre. Que el ayer no
te tenga prisionero, nunca seas su esclavo.
Puede que en algún instante, olvidando cada reflexión,
caigas en la cuenta de que repites un error,
llámalo esperanza, llámalo estupidez o llámalo amor.
Algunas veces caerás al suelo, y creerás descansar.
Pero deséngañate, cuando está todo perdido es el momento de actuar.
¿Y sabes una cosa? Esa lucha contigo mismo,
es gran parte de la magia de la vida: siempre te puedes volver a levantar.

Te preguntarás pues, como es que el corazón de papá se ha parado,
demasiado cansado para una lucha demasiadas veces perdida,
y mi voluntad vencida, en algún lugar pasado yace y yacía.
Sé que no predico con el ejemplo, y reconozco mi debilidad,
hijo mío, mi final pronto está por llegar...
y tu y yo no volveremos a hablar. Escucha mis últimas palabras,
no dejes que caigan en el olvido, crea para ellas un lugar:

El error de tu padre, es la libertad de la esclavitud.
El placer del dolor y la felicidad de la tristeza,
pues todo es más fácil cuando una escusa acompaña cada gesta,
y el verdadero final de una historia, es olvidar como empieza.

-Sergi Bosch

lunes, 26 de diciembre de 2011

A la deriva. (RAP)

Soy un náufrago a la deriva,
mi corazón ya no late,
mis pulmones ya no respiran.
Vivo mi espera y no sé que espero,
súbitamente recuerdo todo cuando quiero,
el oxígeno de mi bombona marca cero,
cierro los ojos... ya me muero...

Tras la larga travesía,
las horas se volvían equívocas,
las olas mi velero mecían
y pese a mi esmero,
no pude evitar la embestida.
Me desperté en arena, el mar me rodea
y un temor ahora presente como realidad
nubla mi atolondrada mente,
incita al miedo en mis venas.
Preso de la soledad ahora y sin remedio,
aguantaré mi lamento hasta el tedio,
con perdón relato mi versión,
no sé si saldré de aquí
y en estas páginas blancas,
igual sólo por si acaso,
voy a componer mi vida y mi fin
mi testimonio de que soy real
y de que existí.

Porque ahora con las nubes cubriendo el ocaso,
se hace insoportable el paso de la conclusión
de mis días, mi alma no encuentra posible la calma
y ya no puedo impugnar cuerdo con la idea
de reducir mi mundo a este perdido rincón.
Puede que vivido lo vivido, ha rehuido el motivo
pero no me sorprende, Dios nunca me ha querido,
y contando ahora cada latido me pregunto,
si la importancia de cada momento,
algún peso fuera de mi universo tuvo,
porque evocando lo que una vez hubo,
lo que tuve y con desidia desprecié,
no me lo puedo creer, lo que daría
por volverlo a tener.
Quizás la condena es justa,
arde como el golpeo de una fusta
y ahora que me encuentro en el destierro
proclamo; ¡Dios, jamás extinguirás en mi el verbo!

Soy un náufrago a la deriva,
mi corazón ya no late
mis pulmones ya no respiran.
Vivo mi espera y no sé que espero,
súbitamente recuerdo todo cuanto quiero,
el oxígeno de mi bombona marca cero,
cierro los ojos... ya me muero...

Cada día se vuelve un suplicio,
y sé que todo está tan mal
cuando regodearme se vuelve un vicio,
cuando la sinfonía del infierno suena
sin igual y me reclama,
y como reclamo la esperanza de un futuro
lejos de este invierno que a golpes
me ha vuelto maduro.
Qué más da su eterna sonrisa,
si el viento que azota mi rostro,
acompaña a la brisa con la premisa
de que la espera siempre se paga cara.

Aquí en mis últimas horas no hay rasgos
de piedad etérea, entera está la complicidad
entre del testamento de mi lamento,
ahora cubierto de amargura,
de la que penetra los huesos, de verdad.
Y no sé cuanto dura el final ni que se espera,
pero si se que prefiero afrontar el desenlace
con valor, pase lo que pase, mejor de pie,
que sobrevivir mal. Y sin igual,
creo que va siendo hora de aceptar la verdad,
nunca creí que en mi muerte todo fuera tan... normal,
me confieso, fracasé con mi sueño
y con lágrimas empaño lo escrito pues es cierto,
siempre quise volver real lo incierto.

Soy un náufrago a la deriva,
mi corazón ya no late
mis pulmones ya no respiran.
Vivo mi espera y no sé que espero,
súbitamente recuerdo todo cuanto quiero,
el oxígeno de mi bombona marca cero,
cierro los ojos... ya me muero...

Y ahora que está todo por terminar,
una ternura inesperada visita el término,
el desenlace del epílogo de este viajero
atrapado por huir del amor irónico,
por escapar de lo típico, por negar el temor
a mentir, por luchar por lo que quiero,
por vagar por el camino inesperado,
ignorando el reclamo del sendero de rosas,
y tras tan trágico cuento, me doy cuenta
de que así están las cosas.
Para tan triste narración, no hay balsa
que me mantenga a flote, no hay coraza
que resista este choque.

Puede que sólo veas el delirio de un corazón,
desde siempre varado, a la deriva
suplicando perdón consciente de que está acabado.
Este funesto relato, para mi es mi vida,
para ti es la lectura de un rato.
Ahora que sólo me queda dejar de respirar,
sonrío pues caigo en la cuenta...
de que un final feliz, es una historia sin acabar.

-Sergi Bosch

martes, 20 de diciembre de 2011

Perdura.

Me desvelo pensando en lo que aún perdura,
y lentamente instante a instante
pierdo la cordura.
Qué bello escenario es la noche que acompaña
a mi soledad, que me aprieta cual atadura
y tapa el viendo a este corsario,
el retorno a la realidad.

La luz de mi lámpara ilumina el papel,
en el ataúd mi única posesión es este clavel
manchado de la tinta de todo cuanto siento,
perdido en el que es mi retiro en un vergel,
que tras mucho éxito caí en el intento
en un mundo que se derrumba por momentos.
Las paredes me aprisionan y no me dejan respirar,
el camino es difícil cuando se promueve la vanidad
y los pocos principios al coro de las risas
se abandonan por olvidar que es el suelo lo que pisas.

Al recordar pierdo toda cordura,
sé que mis heridas no tienen cura
y lentamente a esta hora me posee la locura,
tras esta dura despedida no hay pérdida.
Y ahora que me libro de mi atadura,
te confieso que en mi corazón tu recuerdo aún...
perdura.

Cuando se olvida lo empíreo al coro del designio
del delirio de este tirano que puebla mi mente
y prohíbe el paso al subconsciente que me recuerda
que cuando quise volver eterno lo efímero
la vida me golpeó y una espina se me clavó,
me envenena y nubla mi juicio de lo que pasó,
pero a susurros me recordó que para creer tengo que verlo
y por eso el destino y las normas no transitan mi sendero,
pues yo vivo como creo y creo que ya no hay premonición
que alumbre este lúgubre corazón, malherido de la ponzoña
de la visión de una sociedad innecesaria que a mi vida acompaña,
salpicado con su propia sangre por tu traición.

Y si esto es cuánto me queda, la agonía del pretérito
manchando en tu nombre cualquier mérito,
la revelación de que se corrompe lo legítimo,
del héroe de las causas perdidas que cae vencido,
con el escalofrío de la muerte inspirando terror
hiela mis huesos y congela mi mente,
pero su gran confianza es su mayor error
pues el miedo sólo ha despertado mi valor.
Si pienso en lo que se pierde y en lo que llega,
me doy cuenta de que este pájaro nunca despega
y como pega, la vida en el suelo carece de consuelo,
se pierde el conocimiento y se desarma el momento,
porque con gran desaliento reconoces que ahora tu única verdad
es mirar y suplicar piedad al firmamento encomendarte a lo etéreo.
La gran trampa de la corveta que mueve en dirección contraria la veleta.


Al recordar pierdo toda cordura,
sé que mis heridas no tienen cura
y lentamente a esta hora me posee la locura,
tras esta dura despedida no hay pérdida.
Y ahora que me libro de mi atadura,
te confieso que en mi corazón tu recuerdo aún...
perdura.


Ahora que todo está inconcluso y que me doy cuenta
de que en mi propia prisión estoy recluso,
tus palabras asaltan mi mente y pierdo la batalla,
no siempre gana quien se calla y vaya a dónde vaya
este sentimiento me persigue y me conmueve con la anarquía
de guiar mi vida en lo que feliz me hacía.
Es sólo otra promesa muerta y vacía,
porque si todo se reduce a un segundo,
recuerdo las estaciones de cada día moribundo,
sin duda estoy sólo en el mundo,
y mi único rezo es suplicar hogar como un vagabundo.

Y si todo se reduce a esto,
no hay posible lamento,
me voy con lo puesto
a volver real lo incierto.

-Sergi Bosch

domingo, 11 de diciembre de 2011

Desde mi ventana.

Desde mi ventana veo el mundo,
es tan complejo y lo estudio...
Espero tu voz, pero es la noche
quien me llama...

Mi miedo mi refugio desde el ayer,
observo que mis ojos no te volverán a ver...
y ya no me arriesgo, algo habrá que hacer.

La luz de mi vida me la da el farol,
ilumina una triste noche bello candil
y me recuerda,
que quizás me equivoqué de carril.

Desde mi ventana miro al cielo
y muere todo en lo que creo.
Desde mi ventana, oigo un susurro, me llama
me espera la agonía del mañana
y espero vivir sabiendo qué quiero...
Desde mi ventana miro al cielo,
y muere todo en lo que creo.
Desde mi ventana, oigo un susurro, me llama
y espero llegar vivo a mañana,
para retomar el vuelo y levantarme del suelo,
pero es que ya no hay ningún consuelo...

Las nubes con el frío me acompaña,
y al mirar al espejo revivo
todo cuanto me daña.
Quizás no debería de haber comenzado,
puede que fuera un error haber empezado...
pero ya sin duda se ha terminado.

Y yo, sentado en mi cama acabado
espero un futuro en el que reciba
lo que doy y un presente no tan efímero.
Y me despido, hoy, adiós,
porque cada día esta más cerca mi partida
y ya me voy...

Desde mi ventana miro al cielo,
y muere todo en lo que creo.
Desde mi ventana, oigo un susurro,
me llama, me espera la agonía
del mañana y espero vivir,
sabiendo que quiero...

Desde mi ventana miro al cielo,
y muere todo en lo que creo.
Desde mi ventana, oigo un susurro,
me llama y espero llegar vivo
a mañana, retomar el vuelo y levantarme
del suelo...
pero es que ya no queda ningún consuelo...

-Sergi Bosch

martes, 15 de noviembre de 2011

A la deriva.

Soy un náufrago a la deriva,
mi corazón ya no late
y mis pulmones ya no respiran.
Vivo mi espera y no sé que espero,
pero jamás dudo cuánto te quiero.

Voy cambiando mis planes,
llorando la muerte de mis ideales.
Mi fuerte escudo refuerzo,
porque en la travesía de estos mares
rezo por perder de vista los males.
Que las velas resistan el golpeo
del viento incensante, veo cómo la brisa
y mi cabeza recuerdan tu sonrisa...
y el pasado rompe tan mágico instante.

Puede ser que mi destino sea vivir
y por eso sobrevivo.
Puede que tras la tempestad,
esté el camino y recuerde lo vivido.
Pero una y otra vez, esta fantasía
choca en mi realidad.

Soy un náufrago a la deriva,
mi corazón ya no late
y mis pulmones ya no respiran.
Vivo mi espera y no sé que espero,
pero jamás dudo cuánto te quiero.

Quiero volver a soñar, quiero...
recodar como era volar.
Y en esta mi prisión de hielo,
quiero, quiero una ilusión
que me quite el miedo.
El instante en el que te perdí
se torna dolor, el motivo...
se vuelve confusión.
Y quiero, quiero un fugaz momento,
salir de las tierras del destierro,
oler el perfume en tu cuerpo,
volver real lo incierto.
Y quiero, olvidar el deber
para aprender a vivir en el querer.

Cien mil millas me separan
de la última bocanada
de esperanza y mi corazón
y el tuyo se reencuentran
en la nada.
Sé lo que compartimos,
que somos muy diferentes,
como dos espectros, dos entes
entre la multitud de la gente.
Y lo que tanto nos diferencia,
lo que tanto nos distancia...
tu no paras de pensar y reír,
yo no dejo de levantarme para morir.

Soy un náufrago a la deriva,
mi corazón ya no late
y mis pulmones ya no respiran.
Vivo mi espera y no sé que espero,
pero jamás dudo cuánto te quiero.

-Sergi Bosch

martes, 2 de agosto de 2011

Por un momento.

Y mirar hacia atrás un momento,
recordar aventuras y vivencias
tomarse un instante...
para recaer en el tiempo.

Sólo unos segundos para mirar tu cuerpo,
sólo unos segundos para ver tus heridas,
caer y comprender que nada es eterno.

Alzar la mano y acariciar cicatrices,
marcas que te recuerdan tu voluntad,
que te transportan a momentos no tan felices.
Aprovechas la ocasión de no olvidar,
de evocar otra vez tu debilidad.
Y por ahora y siempre, entiendes...
que pese a todo sigues de una pieza,
que tus heridas son la prueba de tu fuerza.

Porque aún con todo sigues vivo,
sigues avanzando en tu camino,
sigues ignorando el destino.

-Sergi Bosch

viernes, 24 de junio de 2011

Travesía.

Y con los ojos brillantes observando la mar,
el marinero comprendió que más nunca
volvería a amar.
El viento acariciando su nuca,
y el agua reflejando su figura,
en una travesía mucho más segura.

Al acariciar la madera,
al fin captó el sentido
de una larga espera,
No todo florece en la primavera,
no siempre es malo haber sufrido.
La brisa le conduce al horizonte,
alejándole de pensamientos,
de un siempre que no quiere ver.
Dejando atrás, en su escondite...
todo tipo de sentimientos.

Cuando dirige la vista al cielo,
recuerda lo que es sentir
la cabeza al vuelo y los pies en el suelo.
Recuerda que decir la verdad, a veces es mentir.
Recuerda todo ese vacío que le hacía sufrir.
Si pudiera volver atrás, no dudaría.
Retroceder para avanzar más, claro que lo haría.

Siente como las olas mecen su destino,
siente como le devuelven un sentido,
una razón para vivir, una buena razón,
para sonreir antes de algún día morir.
Aunque la alegría no le favorece y
la felicidad no le guía, bien no está,
abandona con la convicción de que ella
no le quería.

Y cuando el infinito se vuelve manifiesto,
siente su pasado inconexo.
Cuando el horizonte es visible,
suplica un presente que no le sea indiferente.
Cuando reflexiona sobre el futuro,
quiere que ocurra por sorpresa,
como se imaginaba la primera vez que ella le besa.

Al volver la vista atrás, la estela
que su rumbo deja sobre la mar,
y con el barco de una sola vela,
cae en la cuenta de que esto acaba de empezar.

jueves, 16 de junio de 2011

Al Destino:

Si cada paso es una anécdota, una locura
o una sensatez, no lo dudes,
no pienses más en el ayer
que el tiempo todo lo cura.

Si mi vida es un día,
ni vengas ni te vayas,
déjame buscarte, déjame viajar
quiero encontrar alegría,
y en el amor más nunca pensar.

Si sólo me queda ahora
tierra y eternidad,
más feliz me iría sabiendo
que elegí la libertad
y en mi no pesaría la duda
porque como todo, segundo
a segundo, voy muriendo.

Si ésto siento cuando te quiero,
mi amor, perdóname, pues de ti me olvido
la clave está en ignorar
y la vida ya me enseñó
la lección de que duele amar
y para qué me voy a enamorar.

Si el olvido me permite sonreir,
sin duda eso voy a elegir.
Y no es tu culpa, porque no te advertí.
Como el humo, se va la emoción,
y con pasión te digo,
que sólo tu enciendes chispa en mi.

Si me esperan muchos años de vida,
los viviré con el corazón cubierto
y la mente perdida.
Porque así soy feliz,
porque es un camino que me aleja de ti.

Si mis sueños en algún momento
me despiertan, sólo pido
que me guíen en oscuridad,
que me acompañen en la luz,
que me den fuerza para seguir,
que acompañen a mi corazón,
en la dirección en la que siempre
sentí, en la dirección que siento,
en el camino que sentiré.

Si mis amigos siempre me aguantan,
dame vida fuerza para devolverles el favor...
dame un abrigo en el frío para darles calor,
déjame acompañarles en su dolor,
déjame alegrarme en su felicidad,
porque no hay mayor realidad,
que la ayuda de un amigo de verdad.

Si mi futuro no está decidido,
déjalo así, que ya varias veces
me encontré a mi mismo al estar
todo perdido. Y si el camino
sólo tiene una dirección,
dame valor para arriesgar
y mi dirección trazar.
Dame suerte, pues ésto es una selva
y no sé hasta donde me voy a aventurar.

Si mi presente es una mentira,
déjame creerlo para vivir
sobre decisiones y abandorar toda duda.
Y si no es una mentira,
dame fuerza para aceptar,
que cada segundo queda atrás.

Si mi pasado me persigue,
dame un motivo para ignorar,
dame una razón para a mi meta llegar,
dame la seguridad...
para volver a llorar,
para olvidar, nuestra mentira,
y tu verdad.

Si así es como soy,
recuérdame que debo ser feliz,
pues tal cual soy, mucha gente me odia
pero alguna gente me ama.
Recuérdame que soy original
y no una copia de moda de la sociedad,
recuérdame que no importa ni la mentira
ni la verdad, que quererse a uno mismo
y aceptarse es lo que importa
de principio a final.

Si así es como me voy,
me gustaría tomar tu mano,
recibir tu sonrisa,
y avanzar por el sendero juntos
recorrer cada locura sin prisa,
en el cabello sentir la brisa...
despegar y no abandonar el vuelo,
besarte y acariciar tu pelo...
y cuando me preguntes cuánto te quiero,
mirar atrás, reirnos, porque sabes
que explicarlo ya no puedo.

Y si ésta es mi confesión,
no conozco mayor atención,
que la que el papel me ofrece.
Buenos y malos momentos siempre hay,
y la armonía aumenta y decrece.
Pero tras noches sin fin,
al fin comprendí que para qué sufrir,
si tengo motivos para siempre sonreír.

lunes, 30 de mayo de 2011

Cuando el recuerdo rememora el olvido.

Con un suave hilo de tejer,
que poco a poco hila,
la historia de dos que nunca
se dejaron de querer.
Iguala lo mejor y lo peor de la vida,
ya no, mi alma no es tuya.

Cansado ya de lamentos
y de mirar atrás,
tengo que aceptar
que la felicidad en un camino fácil
no voy a encontrar.
Pero la vida es muy hábil,
y con una siniestra propuesta
me invita a reflexionar
con canciones como ésta...

Y cuando el recuerdo rememora el olvido,
cuando antes de empezar ya está perdido,
no llores mi amor, no busques más dolor,
pues la vida no es cuanto queremos
sino como vivimos con lo que tenemos.

En esta confesión, no por gusto,
por obligación, arrastro notas
de un amor por el que aún lucho.
No intento cambiarte, decirte la verdad
es mi gran manera de amarte.
Pero ésta es la realidad que escuchas
del alma de un amigo,
de un chico ya conocido,
las palabras que de otro nunca escucharás...
pues como yo te quiero
nadie te quiere ni te querrá.

Nunca más dudaré, y esta es otra promesa
que con devoción cumpliré,
porque ya están las cartas sobre la mesa,
porque con tristeza y pesar debo despedirme,
porque duele, no es un juego,
pero no es para siempre,
es un hasta luego...

Y cuando el recuerdo rememora el olvido,
cuando antes de empezar ya está perdido,
no llores mi amor, no busques más dolor,
pues la vida no es cuanto queremos
sino como vivimos con lo que tenemos.

Y me voy, porque estoy cansado de luchar,
pues yo lucho para ganar, no por participar,
no dejaré que mi presente gire en mi pasado,
porque de la vida algo ya sé,
y el futuro no es siempre el esperado
mas en lo nuestro no pierdo la fé.
Que me retiro con la mirada al suelo
y los pies en el cielo,
que acepto la vida, aprendí a sufrir
ya no renuncio a mis sueños,
sé que cada segundo estoy más cerca de morir.
No me olvides, mis labios no pactan un final,
pero no te engañes, no es un mundo ideal.

Y cuando el recuerdo rememora el olvido,
cuando antes de empezar ya está perdido,
no llores mi amor, no busques más dolor,
pues la vida no es cuanto queremos
sino como vivimos con lo que tenemos...

martes, 17 de mayo de 2011

Pero nunca te bastó.

Momento de despedirse de una promesa
en la que el amor falla
y un juramento acaba.
Porque escribo sangre caliente
que de mis venas nace, muere
y envenena mi mente.
Un sentimiento con caducidad
y me llevo a la tumba solo la verdad.
Pero no me basta, mentira me parece
la verdad que pocas veces pronuncié
pero con gustó te prometí y ya no cumpliré.
Pero a ti nunca te bastó.

Cuando no se trata de amor es un juego,
y chica no olvides que esto arde como fuego
que me quema por dentro y la condena es el tiempo.
Mis palabras, mi alma, ya las arrastra el viento,
porque fuerzas no me quedan para retenerlas
y sentada en mi corazón te callas y observas.
Pero nunca te bastó, mas herido debo confesarte
mi deseo del adiós, me voy vacío
pero no te preocupes ahora pues...
mi felicidad pocas veces me importó.
Pero nunca me creíste.

Dulce ironía es la esencia de esta historia,
en la que mi amor ignoras y dejarme llevar por ti
fue mi mayor error, y volvería a caer en el abismo por ti,
daño hecho más bien por mi mismo
ya que quien se tiró fui yo.
Y es que tonto me define muy bien, pues ni la esperanza
esperaba ya un rescate, sólo suplicaba una oportunidad,
de posibilidad negada y sutileza nunca demostrada.
Pero aún así no te bastaba.

Porque bien claro me ha quedado mi puesto y mi lugar,
último y aparte, no te preocupes
pues ya nunca volveré a molestar.
Y el final de un cuento de dos es la derrota de uno.
Por ofrecerte mi amor, mi recompensa es más dolor.
Según parece somos todos iguales, soy una copia
de todos y de ninguno, y para eso si que tuviste valor.
De esto tan arrepentida como harta, no dire tu nombre ...
no en vano, pues de sentido carece nombrar algo ya acabado.
Gran teatro, segura estás de que nunca nos hemos amado,
no es mi problema y si prefieres vivir entre mentiras
es cosa tuya, pero a mi nunca me has engañado.

Y ya con el corazón en la mano te confirmo,
que no se trata de sentir, más bien de negar
y en esa circunstancia tu mano firmó
una injusta condena que acaba con mi pena.
No sé si volveré, así desde luego que no
pues igual todos sabemos como va a acabar.
Tampoco me iré, pues si algún día,
te permites tu libertad sabrás donde estaré,
y te tocará a ti luchar y decir la verdad.

Acabo con un funeral mucho tiempo ignorado,
porque ante la muerte del amor mi tributo
es ésta canción de emociones privadas y lectura pública,
me voy con una sonrisa y una lágrima, pues esta es mi vida
y mentiría si dijera que no es única.

martes, 10 de mayo de 2011

Sangre y Veneno: Las apariencias.

Con un fuerte sentimiento de melancolía arrancando notas de tristeza desde lo más profundo de su corazón, el muñeco sin saber por qué, dejó de andar. No es que tuviera otra cosa mejor que hacer, pero por una vez aprendió el uso de la razón. Las nubes, de color rojo, tapaban ligeramente el oscuro cielo de la noche en el que las estrellas suplicaban ayuda con su luz. La luna, teñida de sangre, permanecía muerta, allí en su trono en el cielo. El viento entonaba canciones de amor al chocar con las esquinas de los escombros, los restos de antigüos rascacielos. El muñeco estaba confuso, desorientado, lo único que no podía negar es la sensación de haber caminado por la misma senda antes, pero no sabe explicarlo.

La carretera, con sus curvas y su desnivel, es el único camino practicable y el frío empieza a convertirse en tortura, la gota de veneno avanza por su cuerpo, fortaleciéndose poco a poco, transmitiendo agonía. El muñeco sabe que lo fácil es ir por el asfalto, pero ignora la atracción que le provoca la carretera y empieza a caminar entre escombros. El suelo está frío, lleno de piedras y cristales, que le hacen sangrar los pies y hieren su determinación, cada vez el deseo de la carretera es más fuerte, ahora mismo es casi su única preocupación. Está a punto de dar la vuelta, pero algo le dice que ésto no es dolor, dolor es lo que late en su corazón, dolor es lo que late en un corazón ajeno. Sigue avanzando entre los restos de la ciudad, cada vez con más sangre y más cansado. El veneno está desconcertado, nada le llama ni le hace expandirse. Poco a poco, llega el momento en el que el muñeco siente mayor alivio al ver que cesa la agonía del pecho, que sangre al pisar el suelo.

Y una vez ha caminado kilómetros, llega a un parque. Con la mayoría del césped muerto y los árboles quemados, es algo así como un yermo. Los columpios se balancean como si alguien estuviera columpiándose, pero no hay nadie. El chirrido que emiten es horrible, por primera vez desde que está aquí el muñeco siente verdadero miedo, el parque abandonado y muerto es la visión más lúgubre y tétrica que ha visto en su vida. "¿Qué es eso?", se pregunta al mismo tiempo que hace mayor esfuerzo por escuchar; "Jajajaja", la risa muy aguda de un grupo de niños llega desde lo lejos, y el terror ya es tanto que el muñeco no puede moverse. "Debería de volver e ir por la carretera" piensa, al fin y al cabo no se cree capaz de cruzar el parque y no puede rodearlo. Empieza a caminar hacia atrás, pero se choca con algo. Es una puerta. No estaba aquí cuando pasó por primera vez, además de que es absurdo que haya una puerta de pie, sin techo y sin pared a ningún lado. El tacto de la puerta es muy seductor, un ligero roce y el muñeco ya siente que su salvación está al otro lado, la risa de los niños no deja de acosarle y tiene frío. La duda asalta su cabeza. "¿Por qué?" Es lo único que logra decir ante el presentimiento de que no debe cruzar la puerta y para evitar esa atracción empieza a correr dirección al parque.

sábado, 7 de mayo de 2011

Explosión.

Explosión de rencor y odio que recorre mis venas,
para qué voy a mentirte,
la vida llena de alegrías esconde aun más penas.
Desde el centro del pecho crece una telaraña
que quema la carne y agrieta los huesos,
y es que el daño ya está hecho.
La causa de mi agonía y de mi dolor
eres tú cada vez que lo pienso.
Hecho cenizas desde dentro por este rencor
que ya no aguanto, que me consume y lentamente
acaba con lo poco que queda de mi,
esto no es el final, no es para siempre.


Con la lección del tiempo y de un hecho común ya olvidado,
espero sentado el final de algo que nunca ha empezado
para nosotros y que, sin lugar a dudas, para mi ya ha acabado.
No me pidas que no te quiera, no me pidas que te olvide,
porque en mi corazón este sentimiento aún vive.

miércoles, 6 de abril de 2011

A reflexionar.

Lo realmente increíble del ser humano es la línea que trazamos para separar lo posible de lo imposible.