Con un fuerte sentimiento de melancolía arrancando notas de tristeza desde lo más profundo de su corazón, el muñeco sin saber por qué, dejó de andar. No es que tuviera otra cosa mejor que hacer, pero por una vez aprendió el uso de la razón. Las nubes, de color rojo, tapaban ligeramente el oscuro cielo de la noche en el que las estrellas suplicaban ayuda con su luz. La luna, teñida de sangre, permanecía muerta, allí en su trono en el cielo. El viento entonaba canciones de amor al chocar con las esquinas de los escombros, los restos de antigüos rascacielos. El muñeco estaba confuso, desorientado, lo único que no podía negar es la sensación de haber caminado por la misma senda antes, pero no sabe explicarlo.
La carretera, con sus curvas y su desnivel, es el único camino practicable y el frío empieza a convertirse en tortura, la gota de veneno avanza por su cuerpo, fortaleciéndose poco a poco, transmitiendo agonía. El muñeco sabe que lo fácil es ir por el asfalto, pero ignora la atracción que le provoca la carretera y empieza a caminar entre escombros. El suelo está frío, lleno de piedras y cristales, que le hacen sangrar los pies y hieren su determinación, cada vez el deseo de la carretera es más fuerte, ahora mismo es casi su única preocupación. Está a punto de dar la vuelta, pero algo le dice que ésto no es dolor, dolor es lo que late en su corazón, dolor es lo que late en un corazón ajeno. Sigue avanzando entre los restos de la ciudad, cada vez con más sangre y más cansado. El veneno está desconcertado, nada le llama ni le hace expandirse. Poco a poco, llega el momento en el que el muñeco siente mayor alivio al ver que cesa la agonía del pecho, que sangre al pisar el suelo.
Y una vez ha caminado kilómetros, llega a un parque. Con la mayoría del césped muerto y los árboles quemados, es algo así como un yermo. Los columpios se balancean como si alguien estuviera columpiándose, pero no hay nadie. El chirrido que emiten es horrible, por primera vez desde que está aquí el muñeco siente verdadero miedo, el parque abandonado y muerto es la visión más lúgubre y tétrica que ha visto en su vida. "¿Qué es eso?", se pregunta al mismo tiempo que hace mayor esfuerzo por escuchar; "Jajajaja", la risa muy aguda de un grupo de niños llega desde lo lejos, y el terror ya es tanto que el muñeco no puede moverse. "Debería de volver e ir por la carretera" piensa, al fin y al cabo no se cree capaz de cruzar el parque y no puede rodearlo. Empieza a caminar hacia atrás, pero se choca con algo. Es una puerta. No estaba aquí cuando pasó por primera vez, además de que es absurdo que haya una puerta de pie, sin techo y sin pared a ningún lado. El tacto de la puerta es muy seductor, un ligero roce y el muñeco ya siente que su salvación está al otro lado, la risa de los niños no deja de acosarle y tiene frío. La duda asalta su cabeza. "¿Por qué?" Es lo único que logra decir ante el presentimiento de que no debe cruzar la puerta y para evitar esa atracción empieza a correr dirección al parque.
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